miércoles, 9 de marzo de 2011

Basta de pasotas

Hola, hoy, ya harto de los pasotas que no hacen nada por mejorar el mundo y que tanto nos critican a los que hacemos algo por este mundo y nos movemos, me he decidido a hacer este texto para preguntaros unas cosas:

¿Sois capaces de aceptar que exploten a niños, mujeres y hombres en el tercer mundo? ¿Sois capaces de aceptar que tengan que trabajar de sol a sol para ganar un salario que si llega al euro se pueden dar con un canto en los dientes? ¿Sois capaces de aceptar que no tenga que comer y que apenas pueda sobrevivir? ¿Sois capaces de aceptar que su país sea asolado por una guerra que es impuesta por los países occidentales? ¿Sois capaces de aceptar que haya un 1º y un 3º mundos?
¿Si o No?

¿Sois capaces de aceptar que destruyan nuestro futuro y el de nuestros hijos? ¿Sois capaces de aceptar que se permita el aumento del cambio climático por intereses económicos? ¿Sois capaces de aceptar que para que unos vivan bien ahora pueda desaparecer la vida de la faz de la Tierra?
¿Si o No?

¿Sois capaces de aceptar que halla más de 5 millones de parados en España? ¿Sois capaces de aceptar que más de 2 millones de hogares no reciban ningún ingreso de dinero? ¿Sois capaces de aceptar que cada día halla más mendigos en las calles, en lo que ya se llama el 4º mundo? ¿Sois capaces de aceptar que exista un 4º mundo, dentro del 1º mundo?
¿Si o No?

¿Sois capaces de aceptar que nuestro futuro sea vivir de nuestros padres hasta que mueran? ¿Sois capaces de aceptar que se atrase la edad de jubilación a los 67 (por ahora)? ¿Sois capaces de aceptar que nuestra pensión sea de unos miseros 600€? ¿Sois capaces de aceptar que no encontremos trabajo hasta los 30, y que este sea un trabajo mierda para el cual no hemos estudiado? ¿Sois capaces de aceptar que el salario mínimo no llegue a los 700€?
¿Si o No?

¿Sois capaces de aceptar que EE.UU. y Alemania sean los que controlan a los demás países? ¿Sois capaces de aceptar que nuestras leyes vengan impuestas desde otros países? ¿Sois capaces de aceptar que nos recorten y hasta quiten nuestros derechos, cuando estos han costado años de lucha, sangre y vidas? ¿Sois capaces de aceptar que se repartan el gobierno entre dos partidos que compiten por ver quien nos quita más derechos? ¿Sois capaces de aceptar que el verdadero poder lo tienen los mismos de siempre, aquellos que nos quitan el fruto de nuestro trabajo?
¿Si o No?

¿Sois capaces de aceptar que maltraten y mutilen animales para luego matarlos cruelmente en una plaza ante miles de personas? ¿Sois capaces de aceptar que se hagan masacres de animales para obtener su piel, o su grasa, etc...? ¿Sois capaces de aceptar que la búsqueda de beneficio extinga especies enteras?
¿Si o No?

En resumen ¿Sois capaces de aceptar todos los males del capitalismo, todas sus barbaridades, sus matanzas, asesinatos, guerras, etc...?

Si es así, eres de la peor calaña, no mereces ni existir, no tienes moral, no eres un ser humano, eres un monstruo egoísta y egocéntrico.

Si no es así, entonces hazte una pregunta, ¿Qué haces tú para cambiar esto? ¿Te movilizas, buscas alternativas? ¿O simplemente pasas de todo?
Si haces algo por cambiarlo, te doy las gracias y espero que sigas así.
Si no haces nada por cambiarlo, entonces te pregunto, si no eres capaz de aceptar esto ¿POR QUÉ LO ACEPTAS? Al no hacer nada estás aceptando todo lo anteriormente mencionado y más, muchas cosas más, entonces, ¿A qué esperas? Movilízate, organízate y lucha, lucha por ti, por tus hijos, por los pobres animales que no han pedido esto, por los millones de personas que están en tu situación o peor, por aquellos que no tienen que comer y aún así siguen viviendo, esperando que esto cambie, que nosotros dejemos de oprimirles desde nuestras casas al estar aceptando lo que hacen nuestros gobiernos y los de otros países, al ser sus cómplices, al no hacer nada.

domingo, 6 de marzo de 2011

Y El Pais se reforma (resumen de las Revoluciones Árabes)

Hoy ha salido en El Pais (al menos en la versión digital) un largo texto sobre las revoluciones del norte de África, un resumen de como las revoluciones han ido acabando, uno a uno, con los dictadores de varios paises y que demuestra la falsedad de los gobiernos occidentales, el gran miedo que hay hacia los musulmanes, y la hipocresía de los medios de comunicación que no hace tanto defendían las dictaduras árabes, bueno, no me voy a extender mucho ya que la noticia ya es de por sí extensa, pero lean, lean:

Estamos en el principio. Pero afecta a tal volumen de personas y territorio, entraña tantos posibles cambios políticos y geoestratégicos, tanto impacto potencial en la economía mundial, tanto desconcierto en las diplomacias, que cuesta imaginar que el siglo XXI depare muchos acontecimientos de este calado. Llamar a lo que está ocurriendo "revolución árabe" resulta reductivo, porque puede acabar afectando a países no árabes como Irán. También es reductivo explicar la revolución por factores económicos, aunque existan. Las revoluciones se hacen por ideas y sentimientos, y la de ahora se alza como emblema la dignidad humana.
Un factor esencial de la revolución está siendo Internet y las redes sociales
Otro elemento es que la propia sociedad se sentía humillada
El 68% de los árabes tiene menos de 30 años y conoce la cultura occidental
Los generales se colocaron al lado del pueblo y dejaron caer a los tiranos
En Tahrir a nadie se le ocurrió quemar una bandera de EE UU
La caída de Mubarak fue la señal de que los pueblos podían alzar la cabeza
No es casual que el detonante fuera un suceso poderosamente metafórico. La historia de Mohamed Buaziz y su carrito de frutas ha dado la vuelta al mundo. El carrito de Buaziz, un joven de 26 años residente en Sidi Buzid (Túnez), fue confiscado por la policía. Ya le había ocurrido otras veces y con un pequeño soborno podía resolverlo. Pero cuando fue a quejarse, una funcionaria, Fadia Hamdi, le escupió a la cara. Eso, la humillación, fue lo que Buaziz no pudo soportar. Ese mismo día, 17 de diciembre de 2010, se prendió fuego.
La desgracia de Buaziz conmovió a sus vecinos y provocó una primera manifestación. La indignación se extendió rápidamente al país entero. Conviene resaltar aquí otro factor esencial e innovador de la revolución: Internet y las redes sociales. Cuando casi ningún medio informativo internacional había recogido aún la inmolación del frutero y las incipientes revueltas tunecinas, muchos jóvenes en un país tan lejano como Jordania habían adoptado ya la foto de Buaziz como avatar. La cadena de televisión catarí Al Yazira recogió el suceso porque uno de sus periodistas se enteró a través de Facebook.
Gracias al ciberespacio, los jóvenes árabes ignoraban las fronteras nacionales. El caso de Buaziz fue de inmediato asumido como propio por los vecinos argelinos. Y por los egipcios, muy sensibles desde el verano anterior. El 6 de junio de 2010, Jaled Said, de 28 años, fue detenido en Alejandría por dos policías de paisano que le golpearon hasta matarle, ante testigos. Varios jóvenes profesionales, bajo la cobertura del Premio Nobel de la Paz y dirigente opositor Mohamed el Baradei, crearon en Facebook un grupo llamado "Todos somos Jaled Said". En pocos días, el grupo congregó a cientos de miles de personas y se convirtió en el principal foco de oposición al régimen de Hosni Mubarak.
La llama prendió de forma fulminante. A principios de enero, grandes manifestaciones agitaban las principales ciudades de Túnez y Argelia. En Egipto, mientras, la revolución se preparaba con minuciosidad. Wael Ghoneim, ejecutivo comercial de Google y uno de los creadores de "Todos somos Jaled Said", contó semanas más tarde que él y sus compañeros dedicaron las primeras semanas de enero a ensayar manifestaciones en barrios periféricos, estudiando convocatorias inmediatas y formas de despistar a la policía.
Las revueltas magrebíes fueron generalmente interpretadas como protestas económicas. El presidente tunecino Zine El Abidine Ben Ali creyó que con una visita al hospital donde yacía el agonizante Buaziz (fallecido el 5 de enero) y con algunos subsidios para abaratar los alimentos bastaría para calmar los ánimos. Llevaba 24 años en el poder, había saqueado impunemente el país y estaba habituado a las llamadas revueltas del pan. Como el resto de los dictadores de la región, como los dirigentes y la opinión pública de los países más desarrollados, creía que la represión y el pan barato constituían formas infalibles de someter a las poblaciones árabes, ajenas a otra aspiración que ir sobreviviendo y sin capacidad para vivir en democracia.
Ese es otro elemento importantísimo: la propia sociedad árabe se sentía indigna y humillada. Tras la descolonización, no había conocido otra cosa que derrotas frente a Israel, dictaduras bochornosas, represión, atraso social, miedo. Y desprecio, mucho desprecio por parte del resto del mundo. Aparentemente, lo único que importaba de los árabes era el petróleo, el gas y la "estabilidad" bajo regímenes tan infames como mimados por Europa y Estados Unidos. Aunque resulte obvio, hay que recordar además que la islamofobia existe. Especialmente tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, los musulmanes quedaron bajo sospecha permanente. Un árabe medio no es más religioso que un estadounidense medio, pero su religión se asocia con el integrismo y el terrorismo. En la ecuación occidental, lo que no era una dictadura "moderada" (eufemismo de sumisión a Washington), era Al Qaeda o subversión proiraní. El cóctel de humillaciones, internas y externas, contenía todos los ingredientes.
Ahora, en 2011, el 68% de los árabes tienen menos de 30 años. Esta inmensa generación de muchachos y muchachas no conoció acontecimientos como la descolonización o la Guerra de los Seis Días, pero gracias a la televisión por satélite siempre estuvo en contacto con la cultura occidental. Vivieron el desastre de la invasión de Irak pero, además de sentir una intensa solidaridad con el sufrimiento de los iraquíes, quedaron marcados por una imagen de 2003: la de Sadam Husein, dictador todopoderoso, detenido en el sótano donde se ocultaba de forma miserable. Ese impacto visual les enseñó lo frágil que puede ser un tirano.
"No tenemos miedo", gritaban los manifestantes en Túnez. Ben Ali no logró que el Ejército asumiera tareas represivas. En sociedades tan estáticas como las árabes, donde la educación y el trabajo raramente sirven para prosperar porque lo que cuenta es pertenecer a la élite del poder o arrimarse a ella, el Ejército constituye el principal ascensor social. Entre los mandos militares abunda la gente de procedencia humilde. Eso, unido al servicio militar obligatorio, por el que cada familia tiene a alguien de uniforme, explica en gran medida el respeto mutuo entre Ejército y sociedad civil. También es cierto que los generales suelen optar por despedir a un dictador acabado antes que arriesgar sus privilegios en batallas inciertas. Por eso algunos dictadores prefieren tropas mercenarias, caso de Libia, o ejércitos pequeños e ineficientes, caso de Arabia Saudí.
Después de poner limitaciones adicionales al uso de Internet, después de cerrar escuelas y universidades, después de prometer que bajaría el pan y que no se presentaría a la reelección como presidente, Ben Ali no consiguió otra cosa que el recrudecimiento de las protestas y una inequívoca señal de despedida por parte de los militares. El 14 de enero cargó todo el dinero que cupo en las maletas y escapó a Arabia Saudí.
Para entonces, los jóvenes egipcios ya habían fijado la fecha de la insurrección: el martes 25 de enero, festivo porque era, irónicamente, el Día de la Policía. La magnitud de las manifestaciones del 25 de enero en El Cairo, Alejandría y otras ciudades sorprendió a los propios organizadores. Mientras la televisión pública emitía películas y programas sobre gloriosas hazañas policiales, la policía cargaba contra la multitud. Hubo cuatro muertos y más de 500 detenidos.
La espita de la furia estaba abierta. Para el viernes 28 se convocó una Jornada de la Ira que resultó asombrosa. Ese 28 de enero quedó claro que la caída de Mubarak era sólo cuestión de tiempo. Quizá nunca, en tiempos modernos, se registró una batalla tan dura y multitudinaria entre policía y manifestantes. Al caer la tarde, la policía había agotado ya los gases lacrimógenos y las balas de goma y empezaba a disparar fuego real. Mubarak ordenó al Ejército que interviniera y el jefe supremo de los militares, su viejo amigo el mariscal Mohamed Tantaui, respondió negativamente. La policía se retiró y las ciudades, bajo nubes de gas y sacudidas por tiroteos ocasionales, quedaron en manos de la gente.
Mubarak recurrió a los trucos clásicos del manual del dictador árabe. Bloqueó los teléfonos móviles e Internet. Prometió que su hijo Gamal, multimillonario y heredero designado, no se presentaría a las elecciones presidenciales. Prometió que tampoco se presentaría él. Subió el sueldo de los funcionarios. Delegó "poderes de negociación" en un nuevo vicepresidente, Omar Suleimán, jefe de los servicios secretos, y cambió al primer ministro. Bajo mano, reconvirtió a la policía política en bandas de saqueadores y matones, con la esperanza de que los egipcios se horrorizaran ante el caos y le aceptaran como mal menor.
El 11 de febrero, Hosni Mubarak, el hombre que desde 1981 garantizaba la "estabilidad" en Oriente Próximo y cooperaba en lo que hiciera falta con Israel, el presidente que en 2004 prometió que seguiría en el cargo mientras respirara, el gran amigo de Occidente, dimitió y escapó a escondidas a su residencia de Sharm el Sheij, junto al mar Rojo. Dejó a sus espaldas más de 300 cadáveres. El Ejército asumió el poder y garantizó que organizaría una rápida transición a la democracia. Hasta ahora, aunque mantiene el estado de excepción, no ha defraudado a los egipcios.
Lo que más sorprendió a la opinión pública internacional fue que en la plaza de Tahrir se mezclaran hombres y mujeres, laicos y religiosos, jóvenes y ancianos, en una convivencia armónica. Que a nadie se le ocurriera quemar una bandera estadounidense. Que apostaran por la resistencia pacífica. Que pidieran cosas como libertad, democracia y justicia. Los tópicos fallaban uno a uno.
Muchos siguen queriendo ver tras la revolución egipcia la amenaza de los Hermanos Musulmanes, la más influyente organización islámica en el planeta. Puede ser que acaben asumiendo el poder, pero su partido, Libertad y Justicia, ya está amenazado por dos escisiones, una juvenil y otra progresista, y su ideología básica es más conservadora y tolerante de lo que piensan los recelosos.
La caída de Mubarak fue la señal definitiva: los árabes podían alzar la cabeza, conquistar la dignidad y asumir su propio destino. Para desmentir que el despertar árabe tuviera raíces exclusivamente económicas, el 14 de febrero, a través de Facebook, chiíes y suníes del rico emirato de Bahréin convirtieron céntrica la plaza de la Perla en símbolo de su rechazo al absoluto control de la dinastía Al Jalifa sobre la política del emirato. Son de la familia Al Jalifa: el rey, el jefe del Gobierno (40 años en el poder) y 11 ministros.
El 24 de febrero, el Gobierno argelino dio el primer paso atrás ante la presión popular y acabó con 19 años de estado de excepción. El 26 de febrero comenzaron las manifestaciones en Omán, un pequeño reino que junto al vecino de enfrente, Irán, domina el vital estrecho de Ormuz. El mismo día, bautizado como Jornada de la Ira panárabe, hubo manifestaciones en Jordania, donde el rey Abdalá ya había tomado medidas preventivas (cambio de Gobierno, subvenciones a alimentos y gasolina), y en Irak, donde la policía mató a 12 personas.
En Yemen, un país pobre, dividido y al borde del abismo, las protestas contra el dictador prooccidental Ali Abdalá Saleh (32 años en el poder) habían comenzado ya el 27 de enero.
En Siria, paradigma de régimen represivo, en Arabia Saudí y en Irán, los conatos de revuelta han sido sofocados por el momento.
Queda Libia, donde otro dictador anciano, decidido a que el país entero le acompañe en su caída, pelea contra la Historia. De los sucesos de Libia, los más violentos hasta ahora en la cadena de "intifadas", se informa en otras páginas. La gran revolución por la dignidad árabe no ha hecho más que empezar.

Parece que hay algún soplo de aire fresco en El Pais, espero que les haya gustado la noticia, pues es un buen resumen.

sábado, 5 de marzo de 2011

Y en esto gastan nuestro dinero

Bueno, pues parece ser que Zapatero decidio tirar la casa por la ventana, como no habia suficiente con la crisis, ahora ha decidido darle 300mil millones de € a Túnez para ayudar a su "transición hacia la democracia", pactando por detras, como no, un tratado de libre comercio con ella para poder explotar sus recursos, es increible la falsedad de los capitalistas, pero lean la noticia:

Ben Alí, la imagen de la dictadura tunecina, huyó cuando el pueblo se lavantó exigiéndole cuentas de su represora gestión al frente del estado. Sin embargo, dejó al cargo del estado a sus más fieles ministros, todos de su partido, la Agrupación Constitucional Democrática (ACD), organización política única durante la dictadura que se mantiene hasta hoy.
Zapatero se ha reunido con los sucesores de Ben Alí, pertenecientes a la ACD,integrante de la Internacional Socialista (IS) -en la que también milita el PSOE- durante las últimas décadas, hasta que el mundo observó la dictatorial gestión que ese partido "socialista" hacía en el estado, y se decidió a expulsarla, después de años y años de complicidad con Ben Alí.
Ahora, cambiada la imagen de la dictadura en todo el mundo excepto en Túnez, gracias a la labor de los medios de comunicación de masas que ocultan el pasado de los nuevos dirigentes del estado tunecino, Zapatero ha alavado el proceso de transición que se desarrolla en esa nación africana y ha decidido que el Estado Español invertirá 300 millones de euros para respaldar este "proceso democrático", impulsado por quienes dirigieron la dictadura de Ben Alí.
Esta inversión se llevará a cabo mediante empresas privadas, que participarán en la privatización del renovado Unión Por el Mediterráneo (UPM) Tratado de Libre Comercio (TLC) que Europa, mediante Moratinos primero y Zapatero después está vendiendo por los países del Magreb, con el fin de privatizar sus recursos hidrocarburos, naturales y servicios básicos.
El pueblo de Túnez organizado en el Frente 14 de Enero sigue en las calles exigiendo el fin de la dictadura, rechazando la continuidad de la dictadura y clamando por la realización de una nueva constitución que rechace el capitalismo en favor de la nacionalización de todo lo privatizado. Sin embargo, la oposición a la dictadura no ha logrado convencer al presidente español para que les diera su apoyo frente a los sucesores de Ben Alí.
En cambio, el presidente Zapatero ha legitimado el proceso de transición, el cual todavía no ha concretado una fecha para celebrar eleccciones, ni ha legalizado las organizaciones políticas de la oposición y sí sigue reprimiendo a los manifestantes,causando la muerte a varios de ellos.
Este proceso de transición ha dejado en la impunidad los crímenes cometidos durante la dictadura, ya que quienes lo dirigen son los mismos que los perpetraron o lo permitieron con su complicidad.

Y así es como la historia se repite, en Túnez está pasando lo mismo que pasó en España, y no por eso aquí estamos mejor (vale si, hemos mejorado respecto a la dictadura fascista, pero estábamos mejor en la república que ahora, teniamos más derechos y la vida era más fácil), asi es como Túnez pasará de ser el referente de las revoluciones del norte de África a ser la primera en volver de nuevo a las garras del capitalismo, si su población no hace nada, ojalá la iniciativa 14 de Enero funcione y Túnez rechace el capitalismo depredador y se vuelva comunista, pero eso solo el tiempo lo sabe, y el tiempo lo dirá, pero los que logramos las cosas somos las personas, no el tiempo.