Buenas, hoy, ultimo día del año, os traigo un resumen del movimiento 15M, de lo que significo y de lo que le queda, publicado en El País, y una última reflexión personal acerca del mismo, acompañada de una pequeña lección de historia:
Dice Eduardo Galeano que hay un nuevo mundo latiendo en el vientre
del mundo en que vivimos: "Hay un mundo que puede ser latiendo en este
mundo que es". Las palabras del escritor uruguayo, tan certero en la
prosa como poético en el verbo, se pueden escuchar en un vídeo que aloja
la web de los indignados chilenos ( www.chileindignado.cl). Las
pronunció a principios de diciembre, en plena plaza de Catalunya, adonde
acudió a solidarizarse con la acampada de Barcelona. "Este mundo de
mierda está embarazado de otro y son los jóvenes los que lo llevan
adelante", proclamó enfático. "Y yo lo reconozco en estas
manifestaciones espontáneas".
España tenía todas las papeletas para alumbrar esta protesta: millones de parados, crisis, jóvenes con empleos precarios...
La exportación del modelo se gestó en junio en una pequeña asamblea en la plaza del Carmen de Madrid
Una clave del éxito fue el lema de la primera convocatoria: "No somos mercancía en manos de políticos y banqueros"
Un gran parte de quienes integran este movimiento rechazan convertirse en un partido político más
Ese mundo que late dentro de este latió en las calles españolas un 15
de mayo de 2011. Siguió latiendo en días posteriores, revolucionando
los días previos a unas elecciones cruciales. Su latido traspasó
barrios, provincias, fronteras. Latió, latió, latió. Y al llegar
octubre, el latido se escuchó en plazas de medio mundo.
España exportó un latido, el latido de los indignados.
El
Movimiento 15-M es uno de los fenómenos que en 2011 colocaron a España
en el mapamundi. En un año marcado por las malas noticias, aportó un
soplo de aire fresco y combativo. Su ADN no violento, horizontal,
asambleario, marcadamente democrático, apoyado en las redes sociales y
construido sobre la ocupación de plazas, revolucionó las calles en
España y generó un nuevo modelo de protesta.
Los indignados
españoles han marcado un cambio de época en la historia de las
movilizaciones sociales. Una nueva generación de activistas muy
conscientes de sus derechos ciudadanos incorporaron las nuevas
tecnologías a la protesta civil,
vitaminaron las calles desde las redes. La noche del 23-F de 1981 fue bautizada como
la noche de los transistores. En el caso del 15-M, el día 16 de mayo podría haber sido bautizado como el
día del tuit: en esa jornada, la protesta española se convirtió en
trending topic mundial, es decir, en uno de los temas comentados en la red social Twitter. La
#spanishrevolution tomó la Red. La tormenta digital no se quedó en el mundo
online, saltó a la calle. Y se transformó en una masiva e inesperada concentración el martes 17 de mayo en la Puerta del Sol, el
martes mágico:
a las ocho de la tarde, citados a través de las redes, cerca de 6.000
manifestantes se congregaban en la plaza que simbolizaría la protesta.
"No estamos en Facebook, estamos en la calle", proclamaban los jóvenes
en la plaza.
España tenía todas las papeletas para alumbrar una
protesta multitudinaria: crisis profunda, cinco millones de personas en
paro, desahucios, jóvenes con precarias perspectivas laborales. Pero
nadie previó que el 15-M pudiera cosechar semejante cadena de éxitos. En
un año, tres movilizaciones (15-M, 19-J, 15-0) y tres llenazos. Cuentan
los cronistas que nadie previó tampoco el Mayo del 68 francés.
En un principio, los más escépticos recurrieron a manos negras y demás teorías
conspiranoides
para explicar lo que germinaba en las calles. Era difícil de asimilar
que, una semana antes de unas elecciones cruciales, legiones de
ciudadanos gritaran pidiendo una democracia real ya.
Una de las
claves del éxito fue el lema de la primera convocatoria del 15 de mayo:
"No somos mercancía en manos de políticos y banqueros". Bajo este
paraguas, el 15-M consiguió, en sus primeros compases, unir
sensibilidades muy distintas.
El rechazo a la corrupción rampante unió voluntades. La trama Gürtel, el
caso Brugal, el
caso Palma Arena,
el saqueo del Palau de la Música en Cataluña, los ERE fraudulentos en
Andalucía, el culebrón de la trama corrupta marbellí... La confianza en
las profesionalizadas clases políticas se ha venido laminando año tras
año.
Los gritos también se alzaron contra bancos y mercados. Tres
años después del rescate de las entidades financieras, nada ha cambiado.
Tres años después de anuncios como el de Nicolas Sarkozy, que llamó a
refundar el capitalismo, las economías europeas aparecen en manos de las
agencias de
rating. La desregulación de los mercados, la
confianza en la mano invisible de Adam Smith, se reveló como una trampa
total para los indignados. Se acude al rescate de los bancos y de las
economías, sí, pero ¿quién acude al rescate del ciudadano?
"¿Por qué gobiernan los mercados si yo no los he votado?", rezaba una camiseta del 15-M.
Las
maniobras del sistema financiero fueron alimentando la indignación.
Bonus para el que más se endeuda, para el que concede hipotecas basura;
recompensas para los que arruinan a sus empresas, que al abandonarlas se
llevan, encima, un buen pellizco. Las perversiones del capitalismo a la
vista de todos, expuestas en películas como
Inside job, denunciadas por intelectuales como Stéphane Hessel en el panfleto
¡Indignaos! o el escritor José Luis Sampedro.
Los
indignados españoles han generado un nuevo modelo de protesta. No han
inventado la pólvora, pero construyeron un modelo que acabó siendo
imitado. El 15-M, de hecho, bebió de otras revueltas, tuvo sus fuentes
de inspiración. Dos fueron sus principales referentes: por un lado,
Islandia, donde las protestas ciudadanas desencadenaron reformas
constitucionales; por otro, la llamada
primavera árabe, donde las redes sociales catalizaron las movilizaciones.
El
15-M se define por su horizontalidad. Una horizontalidad que en algunos
casos dificultó la toma de decisiones, pero que sirvió para crear
consensos. Se desprecian las estructuras verticales. Las decisiones se
toman mediante procesos asamblearios en la red y en la calle. La
ciudadanía es el nuevo sujeto central. Los procesos asamblearios en red
son caóticos, sí, pero a fuerza de ir sumando propuestas se generan
consensos. Las redes son inteligentes.
Es un movimiento fundamentalmente reformista. A pesar de la etiqueta
#spanishrevolution,
reivindica una democracia más participativa, que cuente con las
herramientas digitales para incorporarlas al proceso de toma de
decisiones, reivindica un sistema electoral que dé voz a las minorías y
destierre el bipartidismo.
Los indignados no creen en los
políticos y en unas viejas instituciones anquilosadas, pero sí en la
política. Consideran que las estructuras tradicionales no dan las
respuestas adecuadas al momento presente, sino que actúan al son del
statu quo y bailan al ritmo de los mercados.
Lejos
de las interpretaciones de ciertas cavernas periodísticas que vieron en
el movimiento a un hatajo de perroflautas antisistema bañados "en olor a
porro", como se escuchó en una memorable entrevista del canal
Intereconomía, el 15-M fue y es democrático y no violento. Se produjo el
episodio del asalto a los parlamentarios catalanes, sí, un capítulo
lamentable que solo se puede atribuir a elementos que se colaron en unas
protestas y en una forma de protestar que no era la suya. De hecho,
elementos
hubo en todas las plazas. El movimiento abrió sus brazos y no pudo
impedir que se les colaran algunos indeseables. Como los que, sin
escrúpulo alguno, se llevaron una quincena de ordenadores de una de las
carpas que rodeaban la estatua del impertérrito Carlos III en Sol.
No
recurren a la violencia, pero sí a la desobediencia civil. Ese es uno
de los elementos clave de su ADN. Y ese es uno de los factores que se
exportaron a Nueva York: la ocupación del espacio público.
El 15-M
traspasó fronteras y exportó su modelo más allá de las fronteras. De
hecho, esa exportación se gestó en una pequeña asamblea en la madrileña
plaza del Carmen. El 17 de junio de 2011, un mes después de la
manifestación a la que acudieron 80.000 ciudadanos en las principales
ciudades españolas, unas 40 personas se reunieron a las cinco de la
tarde. Había norteamericanos, franceses, griegos, argentinos... y una
chica israelí, Aya, que se llevó varios manuales de activista de la
acampada de Sol. Nada más llegar a Tel Aviv, tradujo al hebreo la
Guía de asambleas y el
Cómo cocinar una revolución,
material que sirvió a los jóvenes que se alzaron el 14 de julio. El
modelo de www.tomalaplaza.net también sirvió de inspiración para crear
la web que vertebraría las protestas del verano en Israel y las de Nueva
York en septiembre con el movimiento Occupy Wall Street.
La
protesta global del 15-O fue anunciada por los indignados españoles poco
después del 15-M. Tras meses de arduo trabajo, 951 ciudades de 82
países se sumaron a la cita. La indignación frente a la actuación de los
políticos, los mercados financieros y la banca volvía a unir a los
manifestantes, esta vez de todo el planeta. En España, la convocatoria
volvía a ser un éxito rotundo, con cientos de miles de personas
marchando por las calles bajo el lema
Unidos por un cambio global y con la emblemática Puerta del Sol nuevamente abarrotada.
Poco
después de la protesta global, Metroscopia publicaba un sondeo que
ponía de manifiesto las simpatías que el movimiento ha recabado en la
población española. Siete de cada diez españoles piensan que el
movimiento tiene razón en sus reivindicaciones, un 73% de la población.
De
hecho, algunas de sus propuestas acabaron abriéndose paso en los
programas de algunos de los partidos que concurrieron a las elecciones
del 20-N. El socialista Alfredo Pérez Rubalcaba dejó caer en su cara a
cara con Mariano Rajoy, el entonces candidato del PP y hoy ya presidente
del Gobierno, que la democracia española ya está lo suficientemente
madura como para plantearse una revisión de la Ley Electoral.
A
pesar del amplio apoyo popular, cada una de sus convocatorias fue mirada
con lupa. Cada vez que dejaron de aparecer en los medios de
comunicación por espacio de 15 días se habló del ocaso del movimiento.
Resultados, resultados, resultados. El cortoplacismo lleva a exigir
resultados inmediatos, resultados ya, cuando lo importante es el
proceso: el 15-M ha abierto un proceso. Un proceso del que solo hemos
visto el inicio. Los más jóvenes no están atontados frente al ordenador,
ni están embobados con las nuevas tecnologías. Saben utilizar las
nuevas herramientas para desafiar al sistema. Conocen sus derechos.
El
movimiento ha tenido y tiene sus problemas. Su estructura horizontal
ralentiza la toma de decisiones. De hecho, Democracia Real Ya ha
empezado a tomar decisiones por mayoría para agilizar los procesos. La
diversidad del propio 15-M dificulta los consensos en acciones
concretas. Se han producido roces entre estructuras: DRY, Acampadas,
Barrios, Comisiones. Ha habido momentos, antes del verano, en los que el
ritmo de concentraciones era tan alto que se desgastó la capacidad de
convocatoria. El riesgo de diluirse en decenas de propuestas, las que
elabora cada una de las comisiones, existe. Acotar objetivos y poner de
acuerdo a las múltiples sensibilidades que habitan el movimiento es uno
de los retos que afrontan.
Pero lo relevante es que el 15-M se ha
convertido en una referencia. Vivimos tiempos de cambio. El mundo está
cambiando de piel, las incertidumbres afloran. La revolución digital
debería llegar de algún modo a la arena política, las herramientas para
consultar a la ciudadanía existen, pero los partidos políticos siguen
funcionando con los viejos esquemas.
Lo que está claro es que la
ciudadanía pide paso, quiere que su voz sea escuchada. Y por eso gran
parte de los integrantes del movimiento rechazan convertirse en partido
político. No quieren darse un barniz de burocracia que les conduzca al
anquilosamiento. Quiere ser un
lobby social. Presionar. ¿Acaso no lo hacen las grandes empresas y los bancos? Pues los ciudadanos también.
Fuente:
http://www.elpais.com/articulo/domingo/15-M/desbordo/fronteras/elppor/20120101elpdmg_3/Tes
A esto me gustaría añadir una pequeña reflexión que me surgió un dia, estudiando la historia de las revoluciones de 1905 y 1917 de Rusia, de las cuales surgió un régimen socialista, una superpotencia que murió aún a pesar de que sus ciudadanos no querían, y es que resulta que en la revolución de 1905, se crearon los primeros soviets, estos eran organizaciones espontaneas de los obreros en huelga que se organizaron para organizar la revolución, sin embargo, estos primeros soviets fueron disueltos por la represión del régimen zarista, y no volvieron a aparecer hasta la revolución de Febrero de 1917, cuando aparecieron con más fuerza, y en forma de Soviets de Obreros y Soldados, estos nuevos soviets estaban mejor organizados y ejercieron mayor presión sobre el Gobierno Provisional impuesto, hasta el punto que se llegó a hablar de un doble poder, el del Gobierno Provisional y el de los soviets de obreros y campesinos, y cuando el Gobierno Provisional decidió seguir con la linea política del regimen zarista recién derrocado, el pueblo pidió el poder para los soviets, con la proclama de "todo el poder a los soviets", y se sucedió la revolución de octubre, donde finalmente el poder pasó a los soviets, y poco después, se formaría el germen de la futura superpotencia, la RSFSR (República Socialista Federativa Sovietica de Rusia), controlada por el Gobierno de Obreros y Campesinos, creado a raiz de los Congresos de Soviets de toda Rusia.
Salvando las distancias, el movimiento 15M se asemeja a los primeros soviets de 1905, grupos de personas organizadas para cambiar el sistema imperante, sin embargo, nuestro país está en la situación de 1917, una monarquía parlamentaria, bastante desgastada, y al igual que el partido socialdemócrata ruso (cuando todavia estaban los comunistas y socialdemócratas juntos) en 1905 no dió mucho crédito a los soviets, los partidos comunistas actuales tampoco se fian mucho de las asambleas del 15M, sin embargo, es tarea nuestra, de los comunistas, conseguir obtener la mayoria en estas asambleas, pues, muy posiblemente, este movimiento, aunque muera ahora, más adelante volverá, y con mas fuerza, pues la historia se repite, igual que la revolución francesa derrocó al antiguo régimen y despues fue sofocada, la revolución rusa derrocó al capitalismo y despues fue tambien sofocada, y, al igual que despues de la revolución francesa poco a poco fueron callendo las monarquias, despues de la revolución rusa irá callendo poco a poco el capitalismo, y este puede ser el comienzo del fin del capitalismo. Puede que penseis que soy demasiado optimista, o un loco paranoico, pero los hechos ahí estan, se pueden comparar, y, de todas formas, esto solo son los pensamientos de un joven con ganas de mejorar su futuro y el de toda la humanidad.
PD: perdón por el tocho, XD!!!